sábado, 28 de febrero de 2009

El Individuo Libre

En el occidente contemporáneo, el “individuo libre”, soberano, autárquico, sustancial, en la gran mayoría de los casos ya no es sino una marioneta que realiza espasmódicamente los gestos que le impone el campo histórico-social: hacer dinero, consumir, “gozar” (si lo logra…). Supuestamente “libre” de darle a su vida el sentido que quiera, en la mayoría de los casos no le da sino el “sentido” que impera, es decir el sinsentido del aumento indefinido del consumo. Pareciera que ha surgido un nuevo tipo antropológico de individuo definido por su avidez, frustración y conformismo generalizado: he aquí el “hombre posmoderno”. El capitalismo parece haber logrado fabricar al fin el tipo de individuo que le “corresponde”: uno perpetuamente distraído y haciendo zapping de un “goce” a otro, sin memoria ni proyecto, listo para responder a todos los requerimientos de una maquinaria económica que destruye cada vez más la biosfera planetaria para producir ilusiones denominadas mercancías (una sociedad autónoma presupone que lo “económico” deje de ser el valor dominante o excluyente). ¿Qué hará el régimen neoliberal actual cuando ya no pueda controlar a los pueblos ofreciéndole constantemente nuevas cuentitas de colores? Los pueblos somos cómplices activos del rol monstruoso de la economía como fin último del hombre contemporáneo. ¿Lo seguiremos siendo indefinidamente?

La “autonomía” de este tipo de hombre vuelve a ser “heteronomía” (las sociedades heterónomas y tradicionales no son individuantes, sino uniformizantes y colectivizantes. La verdadera individuación empieza cuando las sociedades emprenden un movimiento hacia la autonomía), su “autenticidad” es el conformismo generalizado que reina a nuestro alrededor; esto equivale a decir que no puede haber autonomía individual si no hay autonomía colectiva, ni creación de sentido para su vida por parte de cada individuo, que no se inscriba en el marco de una creación colectiva de significados: no va a ser corriendo detrás de lo que “se usa” y “se dice”, ni emasculando lo que pensamos y queremos, como vamos a aumentar nuestras posibilidades de libertad.

No es lo que existe, sino lo que podría y debería existir, lo que necesita de nosotros.

Fuente: Cornelius Castoriadis.

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