sábado, 28 de marzo de 2009

La Autonomía.

El proyecto de autonomía, en su esencia, es lúcida transformación de la efectividad (realidad) –propia y ajena- a partir de ella misma, es autoposición de una norma (la única “norma” consustancial al hombre es que éste no puede no plantearse normas) a partir de un contenido de vida efectivo y relacionada con él, y totalmente incompatible con la idea de dominio; el proyecto de autonomía es literalmente también un proyecto de autolimitación (y lo vemos actualmente de la manera más concreta: si no detenemos la carrera por el “dominio”, pronto ya no existiremos).

Al comienzo de la creación de la polis existe una enorme herencia mitológica, que será reelaborada, pero que se halla allí, en la creación democrática griega. La polis griega es autoinstitución (nuestras leyes fueron hechas por nosotros y nosotros podemos cambiarlas), es creación (poeiesis) donde toda fuente trascendente de significación (la herencia mitológica) es sometida a una interrogación ilimitada (filosófica): en la democracia, el hombre crea la significación sobre un fondo de sin fondo, el sentido sobre un fondo de asentido; se da forma al caos por medio del pensamiento, la acción, el trabajo, las obras de los hombres y, entonces, esta significación no tiene “garantía” alguna.

En una sociedad autoinstituida la obra de la cultura no se inscribe necesariamente en un campo de significaciones instituidas y colectivamente aceptadas. No encuentra en él sus cánones de forma y contenido, como tampoco el autor puede tomar de dicho campo la materia ni los procedimientos para su trabajo, o el público el apuntalamiento para su adhesión. La colectividad misma crea, abiertamente, sus normas y sus significaciones, y el individuo tiene el derecho de crear en campos formalmente amplios el sentido de su vida y juzgar por sí mismo las obras de la cultura. En el mismo sentido la filosofía nos muestra que sería absurdo creer que alguna vez agotaremos lo pensable, lo factible, lo formable, así como también sería absurdo poner límites al poder de formación que siempre yace en la imaginación psíquica y en el imaginario colectivo histórico-social (pero ello no nos impide comprobar que la humanidad atravesó periodos de debilitamiento y letargo, tanto más insidiosos cuanto que fueron acompañados por lo que se ha dado en llamar un “bienestar material”. En la medida en que, mucho o poco, esto dependa de aquellos que tienen una relación directa y activa con la cultura; si su trabajo sigue siendo fiel a la libertad y a la responsabilidad, entonces, ellos podrán contribuir a que esta fase de letargo sea lo más corta posible).


Fuente: Cornelius Castoriadis.

Cuarto Viento: Una Digna Rabia Organizada.

Palabras del Teniente Coronel Insurgente Moisés.

Buenas tardes a todos compañeros, compañeras.

Compañeros, les quiero pues platicar, transmitir de lo que hacen nuestros compañeros de las distintas autoridades de los cinco Caracoles. A los compañeros, como dijo el compañero Villoro, parece que sí está leyendo bien de lo que están haciendo nuestros compañeros y compañeras autoridades autónomas. Sólo le quiero completar un poco de lo que ya mencionó: lo que es el trabajo político sobre democracia.

Son tres niveles de cómo están practicando por ahora. Hace quince años, no había lo que ahora están practicando los compañeros y las compañeras de las autoridades, y las autoridades de los pueblos y de las Juntas de Buen Gobierno. ¿Cuáles son esos tres? Son tres colectivos y uno de ésos se divide en cientos de colectivos. O sea, la primera instancia son los pueblos, un colectivo que son cientos de pueblos que conforma pues cada Caracol. Y luego, el otro colectivo es los Marez que son hombres y mujeres, autoridades elegidos por esos cientos de colectivos que ya les dije. Y dentro de esos dos colectivos, los Marez y los pueblos, son elegidos el otro colectivo que son los compañeros y las compañeras Juntas de Buen Gobierno.

Así, forma nuevamente un colectivo de esos tres colectivos para llevar a la práctica, en su caminar de quince años, lo que es los siete principios del mandar obedeciendo. Pero no sólo, aquí están pues mis compañeros mandos políticos, los compañeros comandantas y comandantes que ellos y ellas leen escuchando, que ellos y ellas leen mirando, y también leen haciendo.

Les voy a platicar algunos pues logros de lo que han hecho los compañeros y compañeras de esos tres colectivos que ya les mencioné. Por ejemplo, la Junta de Buen Gobierno en el Caracol uno, que es La Realidad, han inventado pues lo que le llamaron Banpaz, que quiere decir: Banco Popular Zapatista. Si ustedes nos preguntan o piensan, se imaginan, queriéndonos preguntar de dónde el recurso. Otro es el impuesto que se le cobra al mal gobierno porque está metiendo la carretera para que llegue fácil sus policías y su ejército a desalojar a nuestros compañeros y compañeras, y a otros hermanos y hermanas, en Montes Azules. Y ahí se le cobra pues el impuesto y eso es lo que invierten en el Banco Popular Zapatista.

¿Para qué? Porque los compañeros de esos tres niveles de autoridades, o sea, los comisariados, comisariadas, agentes y agentas, y los Marez y la Junta forman un colectivo para escucharse entre ellos, para mirar lo que hay dentro de su trabajo. Una vez visto, leído, esas dos empiezan a mirar también cómo hay que hacer lo que piensan ese colectivo. Y que después se va a la consulta en los pueblos, si es aceptado de lo que piensan los compañeros y las compañeras.

Ahí está, por ejemplo, también, del Caracol dos de Oventik, los colectivos de autoridades. Nunca existía antes una escuela secundaria, que ahora la tienen, que ahí se preparan. Y les está demostrando pues a los compañeros, como la vieron, que ahí aprendió, porque ahí salió su maestra, su maestro, a la compañera Lupita, que les leyó el cuento ayer.

Ahí está también el ejemplo de los compañeros y compañeras del Caracol tres, de la Junta de Buen Gobierno de lo que es La Garrucha. Ahora, esos tres colectivos, ellos están viendo de la mejor forma de cómo se va a trabajar la madre tierra. Antes no sabían, no entendían qué cosa es el ser ingeniero o ingeniera. Ahora ya lo entienden porque ellos mismas y mismos lo están practicando.

Ahí está también el ejemplo de los compañeros del Caracol cuatro de lo que están haciendo los compañeros y compañeras de la Junta, de los tres niveles, que están haciendo también el cómo mejorar.

Compañeros y compañeras, les podemos dar un ejemplo de lo que yo he visto, porque trabajo con los compañeros y las compañeras, los acompaño. De ahí es donde sale lo que les estoy diciendo, no es mío, es de los compañeros y de las compañeras. Por ejemplo, también, porque a la mejor hay varios de aquí los que están compañeros y compañeras, de los que han dado su solidaridad como solidarios o solidarias de algunos proyectos. Queremos que la escuchen para que se entienda de lo que a veces ha pasado, de lo que a veces ha sucedido.

Cuando llega un proyecto de algún compañero o compañera solidario o solidaria, los compañeros de la Junta de Buen Gobierno lo reciben como propuesta, porque ellos no pueden aceptar, porque es el pueblo la que va a aprobar si sí o no. Porque son ellos y ellas las que van a trabajar, no es la Junta, no es los compañeros y compañeras de los Marez.

Los compañeros y compañeras autoridades la entienden de que los compañeros y compañeras solidarias, que con esfuerzo también consiguen de donde están, de donde viven, se exige pues de que entonces lleguen los informes. Se entiende, pero también, de acá, esperemos pues así que no se ofendan o se ofenden, pero de donde viven nuestros compañeros y compañeras no hay avión, no hay helicóptero, no hay tren o metro no sé cómo le dicen a eso. Lo único que hay es bipié, es decir, los dos pies. Que hay que caminar y algunos caballos que están en resistencia también.

Entonces, eso tarda, tarda pues así de que sea aprobado pues los proyectos y, luego, en lo que llega pues así el mensaje de los compañeros y compañeras solidarios, solidarias, a que reciban de que es aprobado.

Pues ojalá de que, de aquí en adelante, los compañeros y compañeras autoridades tienen un montón de trabajo, porque son algunas menciones lo que les estoy diciendo. Realmente pues, en las Juntas, en las cinco Juntas, tienen un montón de trabajo que no se imaginan, porque no sólo nada más ven eso, cada punto de los que les dije. Hay problemas que resolver sobre justicia y muchas otras cosas más.

Y luego, el método pues es que tiene que estar enterado el pueblo, tiene que saber el pueblo, o sea que tiene que ser consultado. Es ahí donde se atrasa pues el trabajo, pero no es lo que nos hace mal el atrasar el trabajo, es lo contrario, es lo que nos hace bien porque entonces es el pueblo que aceptó el bien. Sólo porque entonces hay atrasos pues.

Y también, lo que les quiero platicar es de que los compañeros… La democracia, como están diciendo o como estamos escuchando a los compañeros, las que están trabajando pues como autoridades, también ya se están dando cuenta de que tienen una gran responsabilidad de lo que nunca habían visto. Y el método que usan pues, es la de discutir, la de escucharse, la de mirarse, la de hacer una vez lo que sale pues así pensado y, luego, esas autoridades, hombres y mujeres, ya aprendieron de que entonces ellos y ellas no nada más van a dictar como ser, como ser dirigente. La palabra misma dice dirigir creo que ahí sale la continuación de eso: dirigente. Y entonces los compañeros dicen: “no, aquí vamos a discutir, aquí vamos a llevar la propuesta a la asamblea general”.

Y cuando les digo la asamblea general es que están aquí todos y todas las autoridades de los pueblos que son hombres y mujeres. Y están también las autoridades, hombres y mujeres de los Marez, tienen un sentir luego luego los compañeros y las compañeras. Dicen: “esto no lo vamos a aprobar aquí, tenemos que llevar a nuestros pueblos porque son ellos y ellas las que van a decidir si sí o no.

Y las propuestas de los compañeros de las Juntas de Buen Gobierno, de lo que ven de lo que hay que hacer, o de lo que ven de lo que está mal, esa asamblea general de autoridades hay cosas que ahí dictan de cómo se tiene que corregir, y hay cosas que las tienen que llevar en las comunidades para que se enteren todos los pueblos, hombres y mujeres, qué mal está haciendo su autoridad o cuáles son las fallas de su autoridad.

Ahí están demostrando los compañeros de que están practicando lo de no suplantar, porque ellos no lo deciden, lo sienten que no pueden decidir ellos, que tiene que decidir su pueblo.

Y cuando se trata de una propuesta de un trabajo, o de algún proyecto, se lleva pues la propuesta en los pueblos. Cada colectivo de pueblos empiezan a discutir, y en la asamblea general, como si fuera como esto que estamos acá, empiezan a proponer los pueblos, las autoridades de cada pueblo bien visto, porque de ahí están escuchándose cientos de hombres y mujeres cuál es la propuesta de la mejor idea de cómo se piensa hacer el trabajo.

De ahí, como un pueblo común pues ya hay eso, inmediatamente sale el acuerdo, creo que dicen unánime, creo se dice, porque entonces ahí hay algunos o algunas de las compañeras en los pueblos que luego, luego, los convence la mayoría. Entonces, la práctica que están llevando a cabo los compañeros, no nos imaginábamos antes del 94, pero cuando se practica, cuando se lleva pues así en los hechos, las cosas cambian y se mejoran.

Y si ustedes me preguntan o se imaginan porque de seguro de que entonces quisieran hacer preguntas, será del todo es bien de lo que están haciendo… si es grave la falla, el error, del compañero o de la compañera, simplemente se les agradece, se hace a un lado. Se hace un lado, pero no se va. O sea, no se va del base de apoyo, se va de ser servidor del pueblo, porque no lo está haciendo como el pueblo manda. Y todo eso, lo que les estoy diciendo, los compañeros y las compañeras dicen: “¿por qué no nos dejaron hacer los malos gobiernos en aquellos tiempos esto?”. Y ellos mismos se dicen: “no, porque si nos hubieran dejado, México no estaría como esto”, se responden los compañeros y las compañeras.

Los compañeros y compañeras han llevado a cabo la práctica pues, así real, y han inventado, han creado, la forma de cómo cuidar a su autoridad. Y lo han visto ahora que sí funciona. Porque, como les digo, tienen de apoyo, que le llaman la Comisión de Vigilancia. Ellos son los que reportan pues a sus pueblos en sus asambleas municipales de lo que está pasando. Y cuando hay asamblea general, ahí donde se le pide la cuenta a las Juntas de Buen Gobierno, ha funcionado. Porque es así como se ha corregido los errores y las fallas que han tenido los compañeros y las compañeras.

Y lo que hemos visto, también, de lo que hacen las compañeros y las compañeras, sobre todo las compañeras, la participación de ellas, que ya en los tres niveles de autoridades ya están participando ahí las compañeras, porque hay compañeras como Juntas de Buen Gobierno y hay compañeras como de los Marez, y hay compañeras como autoridades, comisariadas y agentas en los pueblos.

Y eso, a los compañeros los reconocen ya, porque entonces también asumen la responsabilidad que son la autoridad máxima. Entonces, pero también entienden a esa autoridad máxima que son las autoridades de todos esos tres colectivos dicen: “no somos los que mandamos, estamos aquí como representantes, la que manda es el pueblo”.

Aquí les quiero contar una cosa: cuando los compañeros logran entender cuál es eso que se dice que es el pueblo la que manda hay que tener cuidado. ¿Por qué? Porque los compañeros… ha habido de que cuando hay una propuesta del colectivo que es el Municipio Autónomo ha sucedido, por ejemplo, de que un pueblo no quiere, o sea, que no acepta la gran mayoría, entonces, la solución (ahí es donde se necesita la inteligencia) entonces… ese trabajo ya tiene un fin, ya sea para que ahí se mantienen las distintas autoridades, los turnos de las autoridades de los Marez, o sea, no es para que se reparten en las comunidades, sino es para que no cooperen las comunidades, es para que no salga de su bolsillo lo poco que le queda, por eso se hace el trabajo colectivo.

Entonces, en vez de que se van a agarrar para quedarse peleados los compañeros con la mayoría y con una minoría, porque es un pueblo que no acepta, que no quiere, simple y sencillamente dicen los compañeros: “no hay problema compañero, compañera, nosotros vamos a trabajar pues en el colectivo, nada más sepa de que ahí va a salir de lo que gastan nuestras autoridades, y que le vamos a pedirle cuentas a nuestras autoridades en cómo se está gastando, en cómo se está usando. Y si ustedes como pueblo no la quieren, no hay problema. Sigue siendo la autoridad para ustedes nuestros compañeros. Sólo que a la hora de que hay un colectivo municipal le dicen: pero hay otra forma de cómo hacer. Ahí en su comunidad, hagan trabajo colectivo. Para que no realmente salga en su bolsillo de cada uno de ustedes. Hagan un trabajo colectivo para que ahí salga en el colectivo de lo que hay que darle a los compañeros y compañeras del Municipio Autónomo.

Entonces, no se encuentra la división, por decir ahí así eso pues. Por eso, les estaba diciendo de que los compañeros y compañeras autoridades leen escuchando; leen mirando de cómo hay que hacer, de lo que ven. Y leen haciendo. Porque ahí se va a demostrar, en la práctica pues, de lo que se miró y de lo que se escuchó.

Ahí está, por ejemplo pues, así de los compañeros autoridades de La Garrucha, que les estoy diciendo de la Ley Agraria. Que lo están viendo ahorita de cómo van a cuidar la tierra. Mejoraron ya la Ley Agraria Zapatista, de lo que había ya ahí, que se están entregándose pues, para cuidar la tierra. Agregaron más, de lo que se necesita, de lo que hay que cumplir para cuidar pues así la madre Tierra.

Entonces, cuando estaban discutiendo ahí los compañeros, hubo un municipio autónomo y dijo así: “¿por qué el mal gobierno, y por qué los diputados y senadores no hacen así como lo que estamos haciendo?”. Porque la ley que se hace hay que cambiarla. ¿Cada cuándo? Cuando se necesita, cuando se vea, cuando se escucha que ya no está funcionando.

Y los compañeros, porque ahí funciona pues así Radio Insurgente, los compañeros respondieron: “¿qué no has escuchado Radio Insurgente de cómo es que entonces viven los diputados y los senadores y el mal gobierno? Hacen leyes para ganar dinero”. Pues dónde van a hacer pues así como lo que estamos haciendo.

Yo les digo esa ley de cómo es que pensaron de cómo van a cuidar la tierra que está recuperada.

Hay muchas cosas que han inventado los compañeros sobre la salud, sobre la educación, sobre comercio. Hasta, incluso, de tránsito. Los compañeros no tienen carros, pero se ven obligados de cómo es que tienen que controlar. Porque se dieron cuenta los compañeros y las compañeras que los propietarios de los carros que hay de pasajeros se estaban volviendo como un terrateniente, de como estaba antes. Porque sólo los que son propietarios entraban y salían. Sólo ellos quieren ocupar, adueñarse de la carretera. Mientras a otros no los permitían.

Entonces, los compañeros dijeron: “esto no, ya se acabó, es igual a como el terrateniente. Se tienen que organizarse como cooperativa, o como colectivo”. Porque así como todos queremos comer el pan… mirando de lo que hay, escuchando de lo que pasa, y la van haciendo pues en la práctica.

Compañeros y compañeras: Hay mucho que decir de los compañeros, de cómo lo hacen. Pero, con el tiempo, la van a ir pues así descubriendo. Y ojalá que no se cansan pues, en visitarlos, en conocerlos, para comprender mucho más mejor que dar una plática, una explicación.

Porque ahí están y ahí van a seguir. Y seguirán ahí los compañeros y compañeras autoridades y los pueblos zapatistas.

Sólo, compañeros y compañeras.




INTERVENCIÓN DEL SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS EN LA SESIÓN DEL 4 DE ENERO DEL 2009.

Buenas tardes.

Está con nosotros Don Luis Villoro. Si me permite, el compañero Luis Villoro.

Su cercanía a los pueblos indios de este país no es posterior a 1994, sino que lo antecede en varios calendarios.

En nuestro caso, las zapatistas, los zapatistas, su apoyo ha sido vital. Lo diré llanamente: más de uno, de una, en las comunidades indígenas, está viva, vivo, y luchando gracias al apoyo de este hombre. Y nunca, nunca, insinuó siquiera que esperara algo a cambio de su apoyo, cosa que sí hicieron otros, otras.

En él hemos encontrado un oído generoso y, desde que salimos a la luz pública, ha tratado de entendernos, y sus pensamientos no pocas veces han sido el combustible de nuestro paso. Y no saben ustedes lo difícil que ha sido encontrar, en estos 15 años, a alguien que trate de entendernos y no de juzgarnos.

Con él, como con otros, hemos tenido y tenemos diferencias, y nuestras discusiones han sido agrias no pocas veces, como la que se refiere al movimiento estudiantil que, hace 10 años y desde la UNAM, nos asombró y nos enseñó a los zapatistas.

Con todas estas diferencias, nunca ha habido en nuestro corazón la menor duda de sus convicciones y compromisos del lado de acá, abajo y a la izquierda.

Catalogar al que piensa diferente de nosotros como de “derecha”, como una torpe y ruin pancarta declaraba ayer, es una manifestación de una tendencia impositiva hecha, paradójicamente, por quienes dicen reivindicar lo libertario. Tal vez no sé mucho, pero hasta donde alcanzo, el anarquismo libertario no exime de conocer. Y hay que conocer antes de juzgar y condenar.

Es un honor, Don Luis, tenerlo hoy de nuestro lado, como de por sí ha sido desde hace 15 años.

El mundo que soñamos no es uno con unanimidad de pensamiento, así sea el nuestro, el zapatista, ni con la hegemonía impuesta que ella conlleva.

Salud Don Luis, sólo queríamos decirle que tiene usted, desde hace luengos calendarios, un lugar en el moreno corazón que nos anima.

Se supone que, después de la intervención de Moy, del Teniente Coronel Insurgente Moisés, yo les leería un cuento. Ya será después, ahora tenemos qué decir algo diferente. Va:

De siembras y cosechas

Tal vez lo que voy a decir no venga al caso de lo que es el tema central de esta mesa, o tal vez sí.

Hace dos días, el mismo en el que nuestra palabra se refirió a la violencia, la inefable Condoleezza Rice, funcionaria del gobierno norteamericano, declaró que lo que estaba pasando en Gaza era culpa de los palestinos, por su naturaleza violenta.

Los ríos subterráneos que recorren el mundo pueden cambiar de geografía, pero entonan el mismo canto.

Y el que ahora escuchamos es de guerra y de pena.

No muy lejos de aquí, en un lugar llamado Gaza, en Palestina, en Medio Oriente, aquí al lado, un ejército fuertemente armado y entrenado, el del gobierno de Israel, continúa su avance de muerte y destrucción.

Los pasos que ha seguido son, hasta ahora, los de una guerra militar clásica de conquista: primero un bombardeo intenso y masivo para destruir puntos militares “neurálgicos” (así les dicen los manuales militares) y para “ablandar” las fortificaciones de resistencia; después el férreo control sobre la información: todo lo que se escuche y vea “en el mundo exterior”, es decir, externo al teatro de operaciones, debe ser seleccionado con criterios militares; ahora fuego intenso de artillería sobre la infantería enemiga para proteger el avance de las tropas a nuevas posiciones; después será el cerco y sitio para debilitar a la guarnición enemiga; después el asalto que conquiste la posición aniquilando al enemigo, después la “limpieza” de los probables “nidos de resistencia”.

El manual militar de guerra moderna, con algunas variaciones y agregados, está siendo seguido paso a paso por las fuerzas militares invasoras.

Nosotros no sabemos mucho de esto y, es seguro, hay especialistas sobre el llamado “conflicto en Medio Oriente”, pero desde este rincón algo tenemos que decir:

Según las fotos de las agencias noticiosas, los puntos “neurálgicos” destruidos por la aviación del gobierno de Israel son casas habitación, chozas, edificios civiles. No hemos visto ningún bunker, ni cuartel o aeropuerto militar, o batería de cañones, entre lo destruido. Entonces nosotros, disculpen nuestra ignorancia, pensamos que o los artilleros de los aviones tienen mala puntería o en Gaza no existen tales puntos militares “neurálgicos”.

No tenemos el honor de conocer Palestina, pero nosotros suponemos que en esas casas, chozas y edificios habitaba gente, hombres, mujeres, niños y ancianos, y no soldados.

Tampoco hemos visto fortificaciones de resistencia, sólo escombros.

Hemos visto, sí, el hasta ahora vano esfuerzo de cerco informativo y a los distintos gobiernos del mundo dudando entre hacerse patos o aplaudir la invasión, y una ONU, ya inútil desde hace tiempo, sacando tibios boletines de prensa.

Pero esperen. Se nos ha ocurrido ahora que tal vez para el gobierno de Israel esos hombres, mujeres, niños y ancianos son soldados enemigos y, como tales, las chozas, casas y edificios donde habitan son cuarteles que hay que destruir.

Entonces seguramente los fuegos de artillería que esta madrugada caían sobre Gaza eran para proteger de esos hombres, mujeres, niños y ancianos el avance de la infantería del ejército de Israel.

Y la guarnición enemiga a la que quieren debilitar con el cerco y sitio que se está tendiendo en torno a Gaza no es otra cosa que la población palestina que ahí vive. Y que el asalto buscará aniquilar a esa población. Y que cualquier hombre, mujer, niño o anciano que logre escapar, escondiéndose, del asalto previsiblemente sangriento, será luego “cazado” para que la limpieza se complete y el mando militar al mando de la operación pueda reportar a sus superiores “hemos completado la misión”.

Disculpen de nuevo nuestra ignorancia, tal vez lo que estamos diciendo no venga, en efecto, al caso, o cosa, según. Y que en lugar de estar repudiando y condenando el crimen en curso, como indígenas y como guerreros que somos, deberíamos estar discutiendo y tomando posición en la discusión sobre si “sionismo” o “antisemitismo”, o que en el principio fueron las bombas de Hamas.

Tal vez nuestro pensamiento es muy sencillo, y nos faltan los matices y acotaciones tan necesarios siempre en los análisis pero, para nosotras, nosotros, zapatistas, en Gaza hay un ejército profesional asesinando a una población indefensa.

¿Quién que es abajo y a la izquierda puede permanecer callado?

¿Sirve decir algo? ¿Detienen alguna bomba nuestros gritos? Nuestra palabra, ¿salva la vida de algún niño palestino?

Nosotros pensamos que sí sirve, que tal vez no detengamos una bomba ni nuestra palabra se convierta en un escudo blindado que evite que esa bala calibre 5.56 mm o 9 mm, con las letras “IMI”, “Industria Militar Israelí” grabadas en la base del cartucho, llegue al pecho de una niña o un niño, porque tal vez nuestra palabra logre unirse a otras en México y el mundo y tal vez primero se convierta en murmullo, luego en voz alta, y después en un grito que escuchen en Gaza.

No sabemos ustedes, pero nosotros y nosotras, zapatistas del EZLN, sabemos lo importante que es, en medio de la destrucción y la muerte, escuchar unas palabras de aliento.

No sé cómo explicarlo, pero resulta que sí, que las palabras desde lejos tal vez no alcanzan a detener una bomba, pero son como si se abriera una grieta en la negra habitación de la muerte y una lucecita se colara.

Por lo demás, pasará lo que de por sí va a pasar. El gobierno de Israel declarará que le propinó un severo golpe al terrorismo, le ocultará a su pueblo la magnitud de la masacre, los grandes productores de armamento habrán obtenido un respiro económico para afrontar la crisis y “la opinión pública mundial”, ese ente maleable y siempre a modo, volteará a mirar a otro lado.

Pero no sólo. También va a pasar que el pueblo Palestino va a resistir y a sobrevivir y a seguir luchando, y a seguir teniendo la simpatía de abajo por su causa.

Y, tal vez, un niño o una niña de Gaza sobrevivan también. Tal vez crezcan y, con ellos, el coraje, la indignación, la rabia. Tal vez se hagan soldados o milicianos de alguno de los grupos que luchan en Palestina. Tal vez se enfrente combatiendo a Israel. Tal vez lo haga disparando un fusil. Tal vez inmolándose con un cinturón de cartuchos de dinamita alrededor de su cintura.

Y entonces, allá arriba, escribirán sobre la naturaleza violenta de los palestinos y harán declaraciones condenando esa violencia y se volverá a discutir si sionismo o antisemitismo.

Y entonces nadie preguntará quién sembró lo que se cosecha.

Por los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 4 de enero del 2009.


Fuente: Enlace Zapatista.

Cuento del Subcomandante Insurgente Marcos (IV)

Cuento 3: LA PEDAGOGÍA DEL MACHETE

El otro día, para variar, la Toñita se metió sin permiso en la comandancia general del ezetaelene, una fortaleza supuestamente inexpugnable (en realidad se trata de una champita).

Me encontraba yo pensando en cuáles serían los temas más adecuados para estas mesas supuestamente redondas del Festival de la Digna Rabia, cuando me di cuenta que la Toñita ya estaba a mi lado y diciéndome:

“Oí Sup, no sirve que haces así”, mientras señalaba una foto tamaño natural de Angelina Jolie con pocas ropas.

“¿No sirve que haga qué cosa?”, le pregunté mientras revisaba las barreras “anti-toñitas” que había dispuesto para evitar que pasara lo que ya estaba pasando.

“Pues así como haces de por sí”, dice la Toña, y agrega: “¿por qué tienes a esa señora encuerada contigo?”.

Yo encendí la pipa y le respondí: “En primer lugar: no está encuerada, yo qué más quisiera. Y en segundo lugar: no la tengo conmigo, yo qué más requisiera”.

La Toñita, como es su costumbre, se queda en una parte de la película porque me pregunta: “¿Y el tercero?”.

“¿Cuál tercero?”, le pregunté.

“Pues si hay un primero y un segundo, entonces hay un tercero. Yo me saqué tercero en la escuelita”. La Toñita ha omitido el pequeño detalle de que en esa clase sólo iban 3 alumnos.

Como no quiero entrar en polémica, le propongo que si le cuento un cuento, entonces ella se va a ir para que se lo cuente a los demás.

“Sale”, dice la Toñita y se sienta en el suelo.

Yo carraspeo y comienzo con el “Habrá una vez…”

La Toña interrumpe: “¿y va a haber palomitas?”.

¿Cómo palomitas?, le pregunto desconcertado.

“Pos sí, palomitas, como cuando vemos película”, dice la Toñita.

“No”, le digo, “este es un cuento, no una película y aquí no hay palomitas”.

“Bueno”, dice la Toñita.

Yo prosigo:

“Habrá una vez un subcomandante que era muuuuuuy malo y mucho se encabronaba con las niñas que se metían sin permiso a la comandancia a dar lata”.

La Toñita pone atención. Yo aprovecho para darle un giro pedagógico al relato, con un estilo y un método que olvídense de Paulo Freire y Antón Makarenko:

“Entonces, cuando una niña se metía sin permiso en la comandancia, el subcomandante ése sacaba un su machete y ¡zás!, le cortaba la cabeza a la niña”.

La Toñita abre bien los ojos, aterrorizada.

Notando que el concepto esencial educativo se estaba captando, decidí reforzar el relato con esa técnica pedagógica marconiana que tanta fama me ha dado en los coloquios de psicología donde mucho Freud, mucho From, mucho Luria, y mucho toda la cosa:

“Y el machete no tenía filo, para que tardara más en cortar. Y estaba bien oxidado de una vez, para que la herida se infectara”.

La Toña, horrorizada, espera un final feliz.

“¿Y luego?”.

“¿Y luego qué?”.

“Pos y luego qué sigue del cuento”.

“Ah bueno, pues resulta que a la niña después le pusieron muchas inyecciones para que no se infectara”.

Y tan-tan.

“¿Tan tan? Urrr, Sup, de una vez que no sirven tus cuentos”.

“Claro que sirven”, le digo mientras la conmino a que abandone la champa.

“De balde tienes a la señora ésa encuerada, si no hay palomitas”, dice la Toñita al retirarse.

El asunto no termina ahí. La reunión que tuve con los compañeros del Comité terminó. De regreso, preparando mi mochila para movernos al cuartel, me doy cuenta de que no está mi machete.

“La Toña”, pensé y la mandé llamar.

“Oí Toñita, no encuentro mi machete, ¿no lo viste por ahí?”.

“No, pero te voy a contar un cuento”, respondió la Toñita.

“Había una vez una niña muy bonita, así como yo, y que se llamaba la Toñita, así como yo. Y entonces había un subcomandante muuuy malo que le quería cortar la cabeza con un su machete”.

“¿Y por qué le quería cortar la cabeza?”, interrumpí yo, tratando inútilmente de recuperar el control de la situación.

“Saber”, respondió la Toñita, “creo que así llegó en su pensamiento. Y entonces pues que la niña se metió en su casita de ese subcomandante a escondidas. Y entonces lo agarró su machete del subcomandante ése y fue y lo aventó en la letrina. Y tan-tan”.

La Toñita dijo el “tan- tan” ya muy lejos de mi alcance.

Así que creo que ya sé dónde está mi machete. Ahora falta recuperarlo, ¿alguien se ofrece de voluntario o voluntaria?

Tan-tan.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 3 de enero del 2009.


Fuente: Enlace Zapatista.

Los Sin Techo: Séptima Historia.

Contanos... ¿Cómo te llamas y cómo está compuesta tu familia?

CINTIA: me llamo Cintia, tengo una bebe de un año vivo en la casa de mi abuela, somos trece personas viviendo. Hay una habitación donde duerme mi prima que está separada con un ropero y en la otra parte duermen mis abuelos y hay otra habitación que esta separada en varias partes y estamos viviendo el resto de mi familia. Yo duermo en un pedazo de eso con mi marido, mi bebe, nosotros tres. Tengo mi bebe discapacitada tiene asma, epilepsia, una malformación cerebral y esta en tratamiento. En verdad necesito una vivienda porque no la puedo tener más en donde estoy, ya tuvo varias crisis que casi se me va para el otro lado. Es muy difícil estar. Ya te digo, se llueve todo. No esta revocado, el piso es de cemento, que es lo que peor le hace a todo, porque de un ataque de asma de los mismos nervios que no puede respirar, convulsiona le agarran las crisis de epilepsia, se le junta todo de una sola cosa. Así que bueno, necesito una vivienda para poder tener a mi hija, que pueda seguir viviendo día a día. Ahora me prestaron una, porque el día de la toma no pude estar porque estaba en el hospital, me prestaron la casa nueve que si bien no esta terminada, pero esta con el piso con cerámicos que es lo que yo necesito para mi bebe, para que ella pueda andar, pueda empezar a caminar, porque no lo hace todavía. Recién empezó a caminar a los once meses porque no podía. Y bueno, estoy ahí, esperando… y ya te digo, no me voy a ir. Yo no me voy a ir sin una casa para mi hija. Antes muerta.

¿Intentaste tener una vivienda a través de la Municipalidad?

CINTIA: Sí, tengo el papel que tienen la mayoría de los que están acá, cuando mandaron a las asistentes sociales a hacer las planillas. Eso lo tengo, supuestamente me la iban a dar, porque es algo urgente. Lo necesito sí o sí por el bebé. Ya pasó más de un año casi. Y acá estoy, sin respuesta, sin los medicamentos para mi nene, que me prometieron las asistentes que lo iban a conseguir. Nadie me da nada. Poco es lo que me dan en el Hospital, porque a veces no hay, y el resto yo lo tengo que comprar. Trabajar no trabajo porque la nena no la puedo dejar con nadie. Ya me pasó dos veces el 31 de diciembre de que se la llevaron a hacer un mandado y ni cuenta se dieron que estaba con un ataque de epilepsia, porque son sin crisis. O sea que sí o sí la tengo que tener yo. El papá sí, trabaja en el puerto. Pero con el tema de la nena, tantos medicamentos, muchos tratamientos, no me da para decir me voy a alquilar, me compro una casa, lo que sea. No me da porque se va todo en la nena. Y ya te digo, ahora estoy acá esperando que alguien me dé la posibilidad que mi hija pueda seguir viviendo. Lo que ella precisa es un lugar amplio donde pueda andar, donde esté, un lugar limpio, que no haya tierra, que es lo más importante por el asma de ella. Me prestaron un nebulizador que supuestamente me iba a traer Gauna (Nota: Gauna es el Secretario de Gobierno municipal). Hace una semana cuando mi hija se descompuso vino él. “No sé dentro de cuánto tiempo, días, te lo voy a traer…”. Todavía lo estoy esperando. Me prestaron uno que con eso la estoy manteniendo, pero en verdad la situación no da para más. Lo que ella necesita sí o sí es su casa. Ya te digo, tiene un año y no camina. Gran parte es por no poder andar en el piso. Y otra parte es por los problemas de salud que tiene, de la malformación cerebral. Tiene una malformación en la piernita derecha que hace que se le trabe el piecito y no pueda avanzar. A los once meses recién empezó a gatear y para atrás. En vez de gatear para adelante lo hacía para atrás. Se le complicó mucho. Y recién ahora que estamos acá, estos dieciocho, diecinueve días que estamos acá, ella empezó a andar, a agarrarse de las paredes, algo que en la casa no lo puede hacer porque no hay espacio en la piecita que yo estoy.

¿Qué expectativas tenés? ¿Creés que se pueden quedar acá?

CINTIA: con respecto a la toma anterior, hoy te puedo decir que tenemos más fuerza que nunca, que estamos muy bien organizados, gracias a dios, que a mi manera de pensar, esto ya es nuestro. Es nuestro y así vengan con una orden de desalojo o lo que quieran venir, a la gente de acá no nos van a sacar. Porque si estamos es porque realmente la necesitamos. Y no hay vuelta atrás. Tenemos mucho apoyo, muchísimo. Ya llevamos diecinueve días y es un triunfo para nosotros poder contarlo. Y ya te digo, no nos sacan. Por lo menos a mí no me sacan. Antes muerta. Yo de acá me voy con la casa para mi hija.


Fuente: Junta Vecinal Sin Techo.

domingo, 22 de marzo de 2009

La Polis y la Democracia.

Con la creación de la polis se asiste por primera vez al reconocimiento de hecho de que la fuente de la ley es la sociedad misma, que hacemos nuestras propias leyes (en las democracias actuales la ley -el Estado- son ellos, los otros, la clase dirigente), de donde resulta la apertura de la posibilidad de interrogar y cuestionar a la institución existente de la sociedad, que ya no es sagrada (o en todo caso no es sagrada de la misma manera que antes). Esta ruptura, que es al mismo tiempo una creación histórica, implica una ruptura de la clausura de la significación tal como fue instaurada en las sociedades heterónomas. La ruptura de la heteronomía tiene una triple condición ontológica, histórico-social y psíquica; ella instaura de una sola vez la democracia, la filosofía y la tragedia: instaura la autonomía.

La polis griega era una comunidad reflexiva y deliberativa, por lo tanto política, constituida por individuos verdaderamente libres, es decir por individuos que no están sin hacer nada, ni hacen cualquier cosa. Ellos hacen cosas precisas, definidas, particulares, desean y emplean ciertos objetos y rechazan otros, valoran tales actividades, etc. Ahora bien, esos objetos y esas actividades no son ni pueden ser determinados, exclusiva ni esencialmente, por los individuos solos, están determinados por el campo histórico-social, por la institución específica de la ciudad en la que viven y sus significaciones imaginarias (también en el Renacimiento Europeo asistimos a un proyecto de similares características. La ruptura del feudalismo da lugar a un proyecto de autogobierno de características protoburguesas. Lo que sucede en este caso a diferencia del caso griego, es que no hay una evolución hacia formas democráticas, sino hacia formas “oligárquicas”, hacia la delegación del poder: desde el principio, el mundo occidental funda sus estructuras políticas en la representación. Esta es una creación propia del mundo europeo).

En su verdadera significación, la democracia griega (y deberíamos decir toda democracia) consiste en el hecho de que la sociedad no se detiene en una concepción de lo qué es lo justo, lo igual o lo libre, dada de una vez por todas, sino que se instituye de tal manera que las cuestiones de la libertad, de la justicia, de la equidad y de la igualdad siempre puedan ser replanteadas en el marco del funcionamiento “normal” de la sociedad. Una sociedad es autónoma no sólo si sabe que ella hace sus leyes, sino si está en condiciones de volver a ponerlas explícitamente en cuestión. Asimismo, un individuo es autónomo si pudo instaurar otra relación entre su inconsciente, su pasado, las condiciones en las que vive y él mismo en tanto instancia reflexiva y deliberante. En la democracia ateniense existe una participación esencial del cuerpo político y leyes que procuran facilitar la participación política (no hay Estado como aparato o instancia separada de la colectividad política); la colectividad es la fuente de la institución política propiamente dicha. En el mundo moderno, en cambio, lo que tenemos es un abandono de la esfera pública a los “especialistas”, a los políticos profesionales (interrumpido por fases de explosión política breves y esporádicas, las revoluciones).

El objetivo de la política griega es la independencia (como un fin en sí) y el fortalecimiento de la comunidad política por medio de la paideia (en la Grecia del siglo V la sociedad forma al individuo por medio de la paideia de los ciudadanos, es decir, la educación en el sentido más amplio del término) y las obras comunes. En los tiempos modernos subsiste la idea de un individuo autárquico y autoproductor que entra en un contrato social con los otros para formar una sociedad o un Estado; de allí las ideas del individuo contra la sociedad o el Estado, y de la sociedad civil contra el Estado, puesto que en nuestros tiempos lo que se entiende por actividad política consiste en la defensa de los intereses (privados, de grupo, de clase) y la defensa contra el Estado, o las reivindicaciones que le son dirigidas.


Fuente: Cornelius Castoriadis.

La insignificancia

La historia es creación y cada forma de sociedad es una creación particular. De este modo podemos hablar de institución imaginaria de la sociedad, porque esta creación es obra del imaginario colectivo anónimo. La creación social es, por lo tanto, creación de un mundo, el mundo propio de esta sociedad: es autoinstitución.

La autoinstitución de la sociedad establece un parentesco entre filosofía y política, dado que ambas aspiran a nuestra libertad, a nuestra autonomía –como ciudadanos y como seres pensantes- y en los dos casos hay, al comienzo, una voluntad –pensada, lúcida, pero voluntad al fin- que aspira a esa libertad. La pertinencia política de la filosofía es que la crítica y la elucidación filosóficas permiten destruir precisamente los falsos presupuestos filosóficos (o teológicos) que a menudo sirvieron para justifica los regímenes heterónomos. Sin embargo, las sociedades actuales poseen una capacidad terrible de sofocar cualquier divergencia verdadera, ya sea callándola o bien haciendo de ella un fenómeno entre otros, comercializado como los otros: el capitalismo no necesita de autonomía, sino de conformismo; su triunfo actual se debe a que vivimos una época de conformismo generalizado, no sólo en lo que se refiere al consumo, sino en la política, en las ideas, en la cultura, etc. Todo esto no surge de un dictador, o de un puñado de capitalistas, o de un grupo de formadores de opinión: es una inmensa corriente histórico-social que va en esta dirección y que hace que todo se transforme en insignificante.


Fuente: Cornelius Castoriadis.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Los Sin Techo: Sexta Historia

Contame ¿Cómo te llamás y cómo está compuesta tu familia?

NOEMÍ: mi nombre es Noemí, y mi familia está compuesta con… tengo ocho hijos. Soy una madre soltera, no tengo donde vivir, no sé leer ni escribir, no consigo un trabajo digno y necesito tener la vivienda para poder rescatar a mis hijos. Los tengo, uno preso en Mendoza y otro que murió antes de las fiestas.

(Se produce un silencio inevitable para cualquiera de los presentes. Alguien pregunta ¿Se puede parar? Noemí se emociona, pero toma aliento y quiere continuar, dando ánimo a los entrevistadores que han quedado sin reacción por un segundo)

Bueno, seguimos charlando… Y los demás, están con vos ¿no?

NOEMÍ: Si tengo tres ahora, de los cuatro que vivían conmigo. Los demás están en Mendoza con el padre, pero ya son grandes.

Pero te gustaría verlos…

NOEMÍ: Sí, vino uno, pero como yo estaba en esta lucha se tuvo que ir, porque tiene señora e hijos, y querían venir a ver si podían cambiar de vida acá. Como él alquila también, yo le dije que se vaya a cuidar a su hija y su mujer, porque se iban a quedar en la calle también. Y agarró y se fue.

¿Cuántos años tienen tus hijos acá?

NOEMÍ: Tengo una de trece, y una de once, y el otro de cuatro añitos.

Contame cómo estabas viviendo antes de venir al predio.

NOEMÍ: Yo estaba alquilando y el señor hace cuatro meses me pidió la casa, y no me puedo ir porque no tengo a dónde, con los tres chicos que me quedaron, y cuando estaba acá en el predio le dijo a mi hija de trece años que dónde estaba yo, porque tenía que desocupar la casa en cuatro días, y no tengo dónde irme.

¿Y tuviste que desocupar la casa ya?

NOEMÍ: No, me dio un mes más.

¿Y cómo era esa casa?

NOEMÍ: lo único que no se llueve es el baño, y tengo una pared de humedad y el chiquito de cuatro años sufre cada quince días de bronco espasmos y de otitis, por los resfríos y la humedad que hay en la casa. Tiene una sola habitación, cocina comedor, que ahí duermen las chicas y… y está lleno de ratas ahora. (De fondo se escucha al nene gritar: ¡Ratas!)

¿Porque esta el arroyo cerca?

NOEMÍ: Sí, estoy a tres cuadras.

Y ahora que estás en esta casa…

NOEMÍ: Y ahora… para mí es lo que pueden llegar a tener mis hijos, o el gobierno me la dé aunque sea. Yo no quiero que me la regalen. Yo quiero pagarla, pero que digan mis hijos el día de mañana mi mamá me dejó esto. Y que tengan una casa digna, como corresponde. Si el gobierno se pone en el lugar de los chicos que no tiene dónde ir a vivir... Por eso también los chicos salen delincuentes y todas esas cosas, porque uno no le puede dar y el gobierno tampoco, o no quiere.

¿Intentaste conseguir una vivienda por medio de la municipalidad?

NOEMÍ: Sí, pero te dicen que no, porque vos sos joven para trabajar, pero yo no tengo estudios y no te toman en ningún trabajo, y tengo cuarenta y dos años.

¿Ahora estás trabajando?

NOEMÍ: Sí, hago servicio doméstico. Busco en el diario lo que sale.

¿Y cómo ves esto que están haciendo ahora?

NOEMÍ: Y… para mí y para mis hijos… mis hijos me preguntan: mami ¿cuándo vamos a la casita nueva? El de cuatro años: mami, vamos a la casita nueva, vamos a dejar esta casita vieja…Yo lo creo posible, hasta que no la tenga, no la pueda conseguir, no me voy a mover, porque todavía tengo fuerzas. No me voy a mover de acá de esta casita nueva, como dicen mis hijos.


Fuente: Junta Vecinal Sin Techo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Cuento del Subcomandante Insurgente Marcos (III)

El marxismo según la insurgenta Erika.

Después de varias lomas y subir una sierra por entre milpas y acahuales, llegué al cuartel de uno de nuestros batallones insurgentes. Me sentía “positivamente jodido” (expresión usada por quien era nuestro mando hace 24 años), pero satisfecho de haber completado la jornada, pese a un sol que más parecía de abril que de noviembre. Durante todo el trayecto, paisajes y situaciones remontaban mis pensamientos a aquellos primeros años del EZLN, a nuestros dolores de entonces, a nuestros sueños de siempre. Salvo las lluvias pasadas, el que llamamos “verano de noviembre” parecía querer alargar su estancia y desafiar el calendario… y la geografía. Porque el otro norte se había asomado por el sol alargando el día. Tal vez por eso es que venía yo recordando nuestro recorrido por esa parte de México en la Otra Campaña.

Recordé entonces el trabajoso ascenso por Nayarit, Sinaloa, el cruce del Mar de Cortés hacia Baja California Sur, el nuevo ascenso hasta Baja California, el bordear la frontera con el imperio de las barras y las estrellas, la entrada a Sonora. Sí, mi penoso batallar para llegar a lo alto de la sierra zapatista me había traído a la memoria un recuerdo doble, mezclado.

El lejano norte, el del Wixaritari, el del Yaqui, el del Mayo Yoreme, el del Tohono O’odham, el del Comca’c, el del Pima, el del Trique-Zapoteco-Mixteco (porque hay que ver lo extendido que es Oaxaca), el del Kumiai, el del Kiliwa, el del Cucapá, el del Rarámuri, el del Tepehuano, el del Caxcán, el del Pame, el del Kikapú, el de l@s trabajador@s de la maquila, el de los migrantes locales y foráneos, el de jóvenas y jóvenes, el de estudiantes y maestros, el de pequeños comerciantes, el de los campesinos sin tierra o en proceso de ser despojados de ella.

Las noticias de arriba hablan del norte de México, sí, pero de secuestros, levantones, asesinatos, enfrentamientos entre supuestos narcotraficantes y fuerzas federales, operativos policíacos y militares, destrucción del medio ambiente, corrupción gubernamental, abusos de autoridad.

Como si el norte de nuestro país no fuera más que una cueva de lobos hambrientos saciándose en la víctima propicia.

Como si no hubiera otra cosa.

Y es que el país entero se puede sintetizar en cada uno de los estados y regiones de México.
Arriba poco o nada ha cambiado. Si acaso el apellido de quien comanda la destrucción y la marca registrada de quien lo patrocina. Allá arriba se repiten métodos de explotación, despojo, represión y discriminación que son de hace 200 años, cuando la corona española clavaba sus mil colmillos sobre las tierras indias de lo que después sería México; como hace 100 años los poderes de la Europa y Estados Unidos lavaban en riquezas el sangriento cuerpo del porfirismo.
¿Y abajo? ¿Será lo mismo que hace 200 años, que hace 100 años?

En fin, volviendo a la loma, llegué, lo que a mi avanzada edad… perdón, quise decir, lo que a mi corta edad se puede catalogar como una hazaña.

Después de limpiar las armas y mal acomodarme en un rincón del cuartel, asistí a la celebración que con motivo del 25 cumpleaños del EZLN organizaba la tropa insurgente ahí reunida.

“La programa cultural”, como dicen los compañeros en su modo de desafiar las reglas de la lengua española, transcurría como de costumbre: canciones de ritmo desconcertante con una letra sin rima alguna, poesías corales e individuales, periódicos murales, etcétera.

De pronto llega su turno de una compañera recluta tzeltalera, con pocos días de haber llegado y que apenas está aprendiendo algo de español. La compañera entonces, dirigiéndose al auditorio, declaró sin empacho:
“Compañeros y compañeras, voy a tener mucho gusto en aventarles una bomba”.
El desbarajuste que provocó fue de antología (en realidad fue un desmadre, pero estoy cuidando mi vocabulario): los más nuevos corrieron a saber dónde, y los veteranos nos tendimos en el suelo y buscamos el poco abrigo que daban las bancas de troncos amarrados con bejuco.

La compañera no se inmutó, tal vez pensando que así es el modo de los insurgentes, y continuó:

“Ahí les va”, dijo, y todos enterramos la cabeza en el suelo y, en lugar de oír la explosión, escuchamos:
“Bomba, bomba, el Felipe Calderón tiene cara de calzón”.

Por supuesto que, como pudimos, nos pusimos de pie de nuevo y, mientras tratábamos de limpiarnos el lodo, le aplaudimos a rabiar.

Con harto café y galletas de animalitos (sin agraviar a los presentes) tratábamos de pasar el trago amargo cuando se sienta a mi lado la insurgenta Erika y me dice:
“Oí Sup, quiero que me vas a enseñar a hacer poesía. Porque acaso me salen las bombas, mucho me concentro pero no me sale la tonelada”.

A mí se me atragantó una jirafa en la garganta y no respondí rápido, así que la insurgenta Erika pensó que estaba dudando y abundó en argumentos:

“Anda Sup, si me enseñas entonces yo te cuento un cuento que leí”.

Los cuentos de los zapatistas son muy otros, como se darán cuenta cuando la Lupita y la Toñita les cuenten los que prepararon, así que yo seguí sin poder pasar la galleta con forma de jirafa. La insurgenta Erika pensó entonces que mi silencio era un “sí” y se arrancó con el cuento que a continuación reproduzco respetando en lo posible su modo de contarlo:

“Bueno pues, había pues una vez pues una niña. Tenía como 14 años esa niña pues, o sea que estaba entrada en 15 o sea que 16 años (la insurgenta Erika no lo dice, pero está poniéndole a la protagonista la misma edad que ella tenía cuando entró al EZLN y está usando el mismo truco de las cuentas del calendario que usó entonces para ser aceptada en nuestras filas). Bueno, pues esta niña estudiaba lo que es la filosofía con un su maestro que tenía y que no me acuerdo de dónde salió el maestro pero pues así va el cuento. Y luego pues la llamaron con su maestro para estudiar su filosofía y la niña dice que sí va y sale a buscar a su maestro que vive en una cabaña en su bosque. Pero la niña no le avisó a su mamá, o sea que como quien dice se fue sin orden del mando. Bueno, de ahí que la niña empezó a caminar pues y entonces pues entró en el bosque y encontró pues un anciano pues, un viejo con una computadora viendo nomás, y no pierde la vista pues el pinche viejo, y la niña lo saluda pues, y no le contesta el pinche viejo que sólo lo mira su computadora con su ojo. Bueno, de ahí que la niña lo saluda otra vez y otra vuelta que el pinche viejo nomás no le contesta. Bueno, pues de ahí que la niña se encabronó y le dice más fuerte a ese hombre, que sea que como que lo regaña.

Bueno, de ahí que le contestaron y la niña le pregunta qué hace el pinche viejo, pero no le dice pinche viejo sino que nomás le dice, lo de pinche viejo lo digo yo ya vas a ver luego por qué.

Bueno, de ahí que el pinche viejo no le dice luego qué está haciendo, sino que tarda. Bueno, de ahí que el pinche viejo no le dice qué es lo que está leyendo en su computadora, pero, bueno, por fin le dice: “No quiero perder ni un centavo y estoy contando”. “Ah, entonces eres como quien dice un hombre rico”, le dice la niña. “Sí”, dice el hombre. Así contestó el viejo. Bueno pues, “está bien”, dijo la niña y se despidió la niña, o sea que no le interesó lo que está haciendo el pinche viejo de estar contando sus dineros. Bueno pues, se fue la niña y dentro de unos metros encontró otra niña. La saludó y la otra una niña le ofreció una caja de cerillos. Bueno, de ahí que la niña le preguntó cuánto cuesta y la otra una niña le dijo que un peso. Bueno, de ahí que la niña buscó en su bolsillo para ver si tiene dinero y sí tiene. Bueno, de ahí que la otra una niña casi se pone a llorar de gusto y dice que tiene muchos años que no le compran. “No es justo, pero si aquí hay un hombre rico”, dijo la niña. Bueno, y de ahí le dijo que la va a llevar. Bueno, de ahí que llegan y encuentran al hombre rico y no lo contesta a las niñas el pinche viejo. Y ahí tardan hablándole, hasta que otra vez se encabrona la niña y lo regaña al pinche viejo y ya le hacen caso. Bueno, de ahí que la niña le explica al pinche viejo que la tiene que ayudar a la otra una niña que vende cerillos. Y el rico no lo contesta nada. Entonces la niña se encabrona y regaña otra vez al pinche viejo y ya el rico le contesta que no va a ayudar, que eso cuesta mucho dinero para mantener y ya dijo que no quiere perder ni un centavo. Bueno, de ahí que empiezan a discutirse de que lo tienen que ayudar a la otra una niña y el rico dice que no lo va a hacer. Y entonces la niña dice que no es justo la que haces, porque tú eres muy rico. “Sí”, dijo el pinche viejo, “pero yo trabajé con mis propias manos, empecé con poquito y ya después llegué en rico. Si quieren hacer así se hacen rico también ustedes”. Así dijo el pinche viejo. Bueno, de ahí que siguen en discutirse que la tiene que ayudar y es ahí donde estaban de peleando. Bueno pues, de ahí que entonces a la niña le toca hablar sobre de la justicia. Y el rico contesta que la justicia se hace entre manos, que no muy entendí qué quiere decir eso pero ha de ser una chingadera.

Bueno, de ahí que empiezan a discutirse otra vuelta que ya no se puede creer que no entiende el rico, y ya pues se encabrona de una vez la niña. Bueno, de ahí que la niña le dice al pinche viejo: “Si no lo vas a ayudar entonces te voy a quemar y te vas a morir junto con tu idea que no sirve”. Y le dicen que van a prender un cerillo, porque ya se habían unido en la lucha revolucionaria las dos niñas o sea que ya estaban en la organización. Bueno, de ahí que el rico lo ve que la situación está cabrón porque ya lo van a quemar y dice que sí va a ayudar y se brinca, pero ya lo están quemando la computadora y el pinche viejo se desaparece. Bueno, de ahí con trabajo lo apaga el fuego la niña y ya se va a donde su maestro y le cuenta y la tema que van a ver es el marxismo porque la niña se llamaba Karla Marx. Bueno, de ahí que empiezan a estudiar de cómo es la idea de la Marx sobre los ricos y los pobres. Y lo puso en tres escalones, algo de la superestructura de la sociedad, pero no me acuerdo bien, Pero yo digo que esa idea es buena pues porque ahí lo despierta a la gente cómo están explotados y cómo va creciendo el capitalismo y los trabajadores no ven nada de eso y sólo están trabajando y lo que le pagan apenas alcanza. Los despierta pues a los jodidos.Y ahí pues los obreros y campesinos se dieron cuenta de lo que está pasando en este país. Pero yo creo que no basta con esa idea. Lo que sigue lo tenemos que hacer nosotras”.

La insurgenta Erika ha contado su cuento de corrido, casi sin pausa, como temiendo olvidar lo que había leído.

Mientras la escuchaba, a mí ya se me habían atragantado una vaquita, un elefante, un gato y un perro, todos de galleta.

La insurgenta Erika esperó pacientemente a que yo pasara el complejo bocado (el que formaban las galletas de animalitos y la hipótesis teórica, histórica y de género que había planteado).
Cuando pude recuperar el aliento le dije:
“Está bueno, pero yo tenía entendido que era hombre y se llamaba Carlos Marx”
La insurgenta Erika me respondió sin titubear: “Ah, pero ése es un cuento de los pinches hombres, en mi pensamiento llegó que fue una mujer”.

Se fue la insurgenta Erika a su turno en la posta que guarda al cuartel. Por supuesto que yo le prometí un libro que explicara cómo hacer poesías… o bombas yucatecas, ¿qué otra cosa podía hacer? Por cierto, si alguien sabe de un título, ahí me lo manda.

Tan-tan.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 3 de enero del 2009.
Fuente: Enlace Zapatista.

Tercer Viento: un digno y rabioso color de la tierra.

De especialistas y especialidades.

Seguramente algún historiador serio podrá dar cuenta del momento en que en la sociedad humana aparecen los especialistas y las especialidades. Y tal vez podrá explicarnos qué fue primero: la especialidad o el especialista.

Porque, en nuestro asomarnos y asombrarnos al mundo, los zapatistas hemos visto que muchas veces alguien define su ignorancia o cortedad de miras como una especialidad y se autodenomina especialista. Y se le alaba y se le respeta y se le paga bien y se le hacen homenajes.

No lo entendemos, para nosotros alguien con un conocimiento limitado es alguien que debe esforzarse por aprender más. Pero resulta que en la academia, mientras menos se sepa más presupuesto de investigación se recibe.

El Viejo Antonio, en alguna de esas mañanas que nos sorprendían caminando montaña abajo, se reía de esto que le contaba y decía que entonces los primeros dioses, los que nacieron el mundo, eran especialistas en especialidades.

En fin, es sabido que nuestras limitantes frente a la producción intelectual son enciclopédicas, así que ahora quisiéramos referirnos brevemente a una especie especial de especialistas: los políticos profesionales.

Ya en una próxima ocasión de este festival, mañana creo, tendremos la oportunidad de escuchar, en voz del Teniente Coronel Insurgente Moisés, algunas semblanzas sobre lo que es el quehacer político interno en las comunidades zapatistas.

Uno de estos quehaceres políticos, no el único, es el trabajo de gobierno. Está también, por ejemplo, el trabajo político de las mujeres zapatistas, del que ya nos platicará la Comandanta Hortensia, y muchos otros.

Y resulta que esos trabajos no sólo no reciben paga, tampoco son considerados como una especialidad. Es decir, quien un día es presidente municipal autónomo el día anterior estaba en la milpa o en el cafetal, sembrando o cosechando. Muchos de nuestros gobernantes zapatistas ni siquiera fueron a la escuela o no saben hablar español, o sea que no son especialistas de nada, mucho menos de la política.

Y sin embargo nuestros municipios autónomos tienen más avances en salud, educación, vivienda y alimentación que los municipios oficiales que son gobernados por políticos profesionales, es decir, por especialistas de la política.

En fin, esperemos esas pláticas de mis compañeros para tratar de entendernos. En este momento sólo quiero señalar algunas de nuestras incapacidades para entender el quehacer político de arriba, cuando menos en México.

Por ejemplo, no entendemos cómo se decide, se acepta y se hace ley que un diputado gane más que un albañil. Porque el albañil hace algo, trabaja, levanta casas, muros, edificios. Y sabe cómo hacer la mezcla, cómo acomodar los ladrillos o los blocks.

Aquí tienen por ejemplo este auditorio en el que estamos. Aquí se puede albergar más personas que en el Teatro de la Ciudad de aquí de San Cristóbal de Las Casas y, según me cuentan, fue construido, desde su concepción hasta su concreción, por manos indígenas. El piso, los niveles, las paredes, puertas y ventanas, techo, herrería e instalación eléctrica fue realizada por no especialistas, indígenas además, y que son compañeros de la Otra Campaña.

Bueno, volviendo al albañil, él sí trabaja. Pero el diputado… el diputado… bueno, no sé si alguien pueda decirnos qué hace un diputado… o un senador… o un secretario de Estado.
Hace poco oímos a un secretario de Estado decir que la crisis económica, que ya se venía arrastrando desde hace años, no era más que un resfriado pasajero.

¡Ah!, pensamos nosotros, un secretario de Estado es como un doctor que diagnostica una enfermedad. Pero quedamos pensando, ¿por qué alguien con un poco de pensamiento le pagaría a un doctor que le dice que tiene un resfriado y resulta que uno está con una pulmonía y él le receta un té caliente de hojas de limón y quedará como nuevo. Pero parece que el secretario de Estado en cuestión gana bien y hay una ley que dice que tiene que ganar mucho dinero.
Alguien nos dirá que los diputados y senadores hacen leyes y que los secretarios de Estado hacen planes para que esas leyes se cumplan. Sea. ¿Cuánto le costó a la Nación que se hiciera, por ejemplo, la contrarreforma indígena que incumplió los Acuerdos de San Andrés?

Y hace unos meses, un legislador del PRD, cuestionado sobre el por qué votó a favor de una ley absurda e injusta (como la mayoría de las leyes en México), dijo en su defensa… ¡que no la había leído!

Y cuando estuvo el debate sobre el petróleo en el centro neurálgico del país (o sea, en los medios de comunicación), ¿no dijo el gobierno de Calderón que no se debía consultar a la gente porque era algo que sólo entendían los especialistas? ¿Y el llamado movimiento en defensa del petróleo no actuó como si tal cuando encargó a un grupo de especialistas la confección de su propuesta?
La especialización es, según nosotros, una forma de propiedad privada del conocimiento.

El que algo sabe, lo atesora y complicándolo hasta hacerlo parecer algo extraordinario e imposible, algo a lo que pueden acceder unos pocos, se niega a compartirlo. Y su coartada es la especialización.

Son como los brujos del conocimiento, como los antiguos sacerdotes que se especializaban en hablar con los dioses. Y les creen todo lo que dicen.

Y esto pasa en la sociedad moderna que nos dice a los indígenas que somos nosotros los retrasados, los incultos, los incivilizados.

En nuestro dilatado recorrido por el México de abajo, tuvimos la oportunidad de conocer directamente a otros pueblos originarios de este continente. Desde los Mayas de la península de Yucatán hasta los Kumiai en Baja California, desde los Purépechas, Nahuas y Wixaritari de la costa del Pacífico hasta los Kikapus en Coahuila.

Parte de lo que vimos será mejor explicado por nuestros compañeros del Congreso Nacional Indígena, Carlos González y Juan Chávez, cuando nos acompañen en esta mesa. Yo sólo quiero apuntar algunas reflexiones sobre este asunto del conocimiento y los pueblos indios.
.- En las reuniones que precedieron al Encuentro Continental de los Pueblos Indios de América, al encontrarse, las diferentes culturas de los jefes indios no disputaban supremacía o jerarquía. Sin dificultad aparente reconocían la diferencia y se establecía una especie de trato o acuerdo dentro del cual se respetaban entre sí.

En cambio, cuando dos concepciones diferentes de la realidad, dos culturas pues, se confrontan entre sí, en las sociedades modernas, suele plantearse el problema de la supremacía de una sobre la otra, cuestión que no pocas veces se resuelve con violencia.

Pero se dice que los pueblos indios somos los salvajes.

.- Al encontrarse el mundo ladino o mestizo con el indígena dentro del territorio de este último, aparece en el primero lo que los zapatistas llamamos “el síndrome del evangelizador”. No sé si es herencia de los primeros conquistadores y misioneros españoles pero, espontáneamente, el mestizo o ladino tiende a tomar la posición del que enseña y ayuda. Por alguna extraña lógica que no entendemos, se asume como evidente que la cultura ladina o mestiza es superior, en extensión y profundidad de saberes y conocimientos, a la indígena. Si, en cambio, este contacto entre culturas se da en territorio urbano, el ladino o mestizo asume una posición o defensiva y desconfiada, o de desprecio y asco frente al indígena. Lo indígena es lo retrasado o lo curiosito.
Por el contrario, cuando el indígena topa o se encuentra con una cultura diferente fuera de su territorio, tiende espontáneamente a tratar de entenderla y no pretende establecer una relación de dominante/dominado. Y cuando es dentro de su territorio el indígena asume una posición de curiosa desconfianza y una celosa defensa de su independencia.

“Vengo a ver en qué puedo ayudar”, suele decir el mestizo al llegar a una comunidad indígena. Y puede ser una sorpresa para él que, en lugar de ponerlo a enseñar o a dirigir o a mandar, lo pongan a ir por la leña, o a cargar agua o a limpiar potrero. O no será muy raro que le respondan “¿Y quién te dijo que necesitamos que nos ayudes?”

Puede ser que haya casos, pero hasta ahora no sabemos si alguien ha ido a una comunidad indígena y ha dicho “vengo a que me ayuden”.

.- No pocas veces hemos encontrado en colectivos que apoyan a las comunidades indígenas una especie de celo por sus conocimientos, una afirmación constante de que la propiedad del saber que detentan es suya, de su propiedad privada.

Es conocido por las autoridades autónomas lo reacios que son los grupos que manejan técnicas y tecnologías, a enseñar, es decir, a compartir lo que saben. Por ejemplo en el internet. Cada vez que se desconfiguran los equipos en los caracoles, hay que esperar a contactar al que sabe, esperar a que llegue y saber que, cuando se le pida que enseñe a alguien para no estar dependiendo de él, alegue que no tiene tiempo o que eso es para “especialistas”. Y ni hablar de los equipos de las radios comunitarias.

Y a veces ocurre otra cosa.

Hay una anécdota que me contaron los compañeros comandantes de la zona tojolabal, o zona “selva fronteriza”:

Resulta que, entre todas las personas que de buena voluntad llegan a las comunidades zapatistas a ayudar, llegó una vez un ingeniero agrónomo a dar curso para mejorar las plantaciones de café. Después de su plática, el ingeniero se trasladó junto con los compas a un cafetal para demostrarles cómo debía hacer un corte en la mata. El ingeniero pidió que le dieran espacio, ahora sí que “atrás de la raya que voy a trabajar”, sacó todo su equipo científico y empezó a sacar medidas para determinar el ángulo exacto de corte de la rama. Después de muchos y complicados cálculos, determinado el ángulo de corte, el ingeniero sacó una sierrita bien bonitilla y empezó a aserrar con mucho cuidado. Tardó, me cuentan, y, contradiciendo la supuestamente ancestral paciencia indígena, los compas lo hicieron a un lado y le preguntaron: “A ver, ¿ónde mero quiere el corte usté?”. “Ahí”, respondió el flamante ingeniero agrónomo, y señaló con su dedo el lugar. El compa desenvainó su machete Acapulco Collins de doble hoja y ¡zas!, le hizo un corte impecable a la rama. “A ver, ahora mídale usté”, pidió casi ordenó el compa. El ingeniero agrónomo, con una especialidad en la universidad, sacó su aparato para medir ángulos. Midió una y otra vez, y en cada vuelta nomás se rascaba la cabeza. “¿Qué pues?”, le preguntaron. “Pues sí”, respondió apenado: “es exactamente el corte que se necesitaba, en el lugar que se necesitaba y en el ángulo que se necesitaba”. “Y anda vete, sup, ahí nomás el ingeniero empezó a preguntarnos más y más cosas y nomás apuntaba y apuntaba y llenó no sé cuántas hojas de un su cuaderno que traía”.

Así que una exhortación a quienes detentan saberes y conocimientos y son compañeros y compañeras: digan no a la propiedad privada del conocimiento, digan sí a la piratería entre compañeros que somos.

Otros puntos:

.- En ambos, indígenas y urbanos de abajo y a la izquierda, encontramos una civilidad humana que no encontramos en los de arriba. En ambos, si uno llega necesitado le dan lo mejor que tienen. Los de arriba no dan o, si dan, es lo que les sobra.

El sentido de comunidad que es palpable en las comunidades indígenas no es ya exclusivo de ellas. También aparece en sectores de abajo, y está más desarrollado en quienes luchan y resisten.

.- El brutal y feroz avance de la guerra neoliberal de reconquista de territorios, está operando algo que no sé si estaba en los planes de los grandes centros financieros internacionales: se están emparejando rabias, en profundidad, en extensión y en historia común.

.- Este emparejamiento de sentimientos en lo que el Ruso llamó “la tripa”, no es todavía acompañado por un emparejamiento en los saberes y conocimientos. Puede haber casos pero, créanme, no encontré en los pueblos indios la avaricia del conocimiento que poseen.

Finalmente, no nos idealizamos como pueblos indios, no somos perfectos y, por supuesto, no pretendemos que todos y todas se hagan indígenas. Tenemos conocimientos y tenemos carencias. Creo que podemos compartir los unos para resolver las otras, sin que ninguno de ustedes pierda la oportunidad de hacerse rico porque alguien de nosotros les gane la patente de su saber.
Muchas Gracias.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 3 de enero del 2009.
Fuente: Enlace Zapatista.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Los Sin Techo: Quinta Historia

Decime ¿Cómo es tu nombre y cómo está compuesta tu familia?

NANCY: mi nombre es Nancy y mi familia está compuesta… somos cinco: mis dos nenas, mi marido, yo y mi nene, que sería Tomás, que tengo con discapacidad. Tiene hidrocefalia desde que nació. Es un nene que nació cincomesino, con noventa y cinco gramos. Tomás es un nene que tuvo discapacidad que fue operado siete veces, por razón de la válvula… porque la enfermedad de Tomi, es que tiene los ventrículos del cerebro muy chiquitos, entonces la válvula no puede trabajar, entonces dos por tres, la válvula se colapsa, se tapa y dos por tres hay que operarlo. Sufre descompensaciones. Cada vez que la válvula no funciona, él tampoco. La vida de él, es vivir de la válvula. Y es de por vida. Por esa razón es que nosotros tuvimos la última internación, que lo tuvimos cuatro meses internado, le pusimos una válvula nueva y la válvula se infectó y estuvimos tres meses para curarle la infección que tenía en la cabeza. Ahí le colocamos otra válvula y tuvimos que estar tres meses más. Al estar esos meses en el hospital teníamos para vivir un lugar prestado. Yo estaba en el hospital, mi marido se levantaba e iba a trabajar y al hospital. Yo durante todos esos meses no estuve en mi casa. Dos, tres días antes que nos den el alta, yo fui para mi casa y me habían desalojado todo porque los delincuentes me habían entrado a la casa y me habían sacado todo. Entonces, en realidad, cuando me dieron el alta ya no tenía dónde ir con mi nene. Así que tuve que estar un mes en el hospital para conseguir un lugar donde podía llevar a mi nene. Sino no me podían dar el alta. Entonces con el tema de lo que ya me estaba pasando en ese momento, que fue un momento muy angustiante por el nene que estaba mal y no tenía dónde irme, los médicos de Tomás hicieron una junta médica con los médicos, enfermeras, asistentes sociales y el director del materno infantil, hicieron un acta, una nota, un expediente para mandarlo a la municipalidad para proponer a ver si podía tener una vivienda digna para Tomás. Una facilidad que me den, para tener una vivienda a pagar por mes. Esto ya hace tres años y pico que estoy esperando que la nota que se mandó a la municipalidad (es una nota con el número 242/06, y está ingresado el 24 de noviembre del 2006) y hasta hoy no tuve respuesta. Y por eso es que decidí venir a la toma. Porque yo me adherí a la gente sin techo que hace once meses que ellos vienen luchando, que son gente del barrio que viven cerca del arroyo, que también no tienen vivienda, entonces yo me acerqué a ellos para seguir luchando por mi vivienda, que hace más de tres años y pico vengo luchándola.

Y ahora tenés una vivienda acá…

NANCY: Y ahora sí, vine a una vivienda acá, pero está sin terminar. No tiene revoques, no tiene pisos, no hay agua, no hay luz. Es una obra que le falta mucho. Pero por el tema de la vivienda, el señor Gauna (que es del municipio), él lo que hizo es ayudarme con una "beca" por tres, cuatro meses, porque supuestamente después de tres meses me iba a entregar la vivienda. Supuestamente era octubre, noviembre, diciembre, la "beca" para pagar el alquiler, y al cabo de esos meses tener la vivienda. Que ya la tendría que haber tenido, pero bueno… no hay vivienda, no hay nada. Y bueno, acá estamos, esperando que el juez solucione esto, y viendo qué es lo que puede pasar.

¿Cómo era la vivienda donde vivías antes?

NANCY: ¿el alquiler? El alquiler tiene dos piecitas, un bañito y una cocinita todo junto. Y vivíamos los cinco todos juntos. El piso tiene parte y parte no, gas natural no tengo, es una parte donde se inunda porque está a dos cuadras sobre el arroyo de acá del barrio Pueyrredón, en invierno se inunda, tomás frío, se llueve… es un alquiler precario. No es un alquiler donde estoy bien, digamos, con el nene. Si pudiera tener esta vivienda, donde tengo piso, estaría mejor que donde estoy alquilando.

¿Cómo le afectan las condiciones de vida a Tomás?

NANCY: Si, a Tomás le afecta el tema de la humedad, porque el es un nene que nació cincomesino, y a su vez terminó creciendo todo por máquinas, pero es un nene que nació sin terminar de desarrollarse. Es un nene que pasa un nene con resfrío y él ya se lo agarra, porque tiene defensas bajas. Ponele que se engripa, que puede llegar a tener mocos, el moco ya es infeccioso, la infección se va derecho a la válvula… Gracias a dios que este año está bien, pero es un nene que esa enfermedad la tiene y es bastante complicada para él. Entonces virus que hay, virus que se agarra. Un resfrío le hace mal, la humedad le hace mal. Una vivienda digna para Tomás sería: un piso, un techo, agua, estar calentito. Es lo mínimo que uno puede pedir. Uno no pide lujos… como toda persona que pide una vivienda normal. Nadie pide algo de los demás, pedimos algo que él no lo tiene. Por eso estoy luchando, y hace muchos años que vengo con eso.

¿Ves probable que esto se solucione a través de la municipalidad?

NANCY: No, no, no, no. De la municipalidad no puedo esperar nada. Porque si hace tres años y medio y pico que mi expediente está ahí, de mi nene, que ellos saben bien el caso de Tomás, no puedo esperar nada de ellos. Yo lo que espero es que salga algo de acá, de lo que estamos todos juntos. De que hay mucha gente que no tiene chicos discapacitados pero también necesita su vivienda y capaz que con los chicos del recurso de amparo sí podemos sacar algo adelante, pero del municipio ya no espero más nada. Y de los médicos sí lo espero, porque el Materno se portó muy bien conmigo. Desde que Tomi nació ellos me pagan todo, me cubren todo, la válvula de Tomás salió mil ochocientos pesos y Tomás se cambió tres válvulas ya. Y gracias al hospital, todo lo que necesita lo tiene. Así que capaz que con el Materno sí vamos a sacar algo adelante… Bueno, listo ¿se grabó?


Fuente: Junta Vecinal Sin Techo.