El proyecto de autonomía, en su esencia, es lúcida transformación de la efectividad (realidad) –propia y ajena- a partir de ella misma, es autoposición de una norma (la única “norma” consustancial al hombre es que éste no puede no plantearse normas) a partir de un contenido de vida efectivo y relacionada con él, y totalmente incompatible con la idea de dominio; el proyecto de autonomía es literalmente también un proyecto de autolimitación (y lo vemos actualmente de la manera más concreta: si no detenemos la carrera por el “dominio”, pronto ya no existiremos).
Al comienzo de la creación de la polis existe una enorme herencia mitológica, que será reelaborada, pero que se halla allí, en la creación democrática griega. La polis griega es autoinstitución (nuestras leyes fueron hechas por nosotros y nosotros podemos cambiarlas), es creación (poeiesis) donde toda fuente trascendente de significación (la herencia mitológica) es sometida a una interrogación ilimitada (filosófica): en la democracia, el hombre crea la significación sobre un fondo de sin fondo, el sentido sobre un fondo de asentido; se da forma al caos por medio del pensamiento, la acción, el trabajo, las obras de los hombres y, entonces, esta significación no tiene “garantía” alguna.
En una sociedad autoinstituida la obra de la cultura no se inscribe necesariamente en un campo de significaciones instituidas y colectivamente aceptadas. No encuentra en él sus cánones de forma y contenido, como tampoco el autor puede tomar de dicho campo la materia ni los procedimientos para su trabajo, o el público el apuntalamiento para su adhesión. La colectividad misma crea, abiertamente, sus normas y sus significaciones, y el individuo tiene el derecho de crear en campos formalmente amplios el sentido de su vida y juzgar por sí mismo las obras de la cultura. En el mismo sentido la filosofía nos muestra que sería absurdo creer que alguna vez agotaremos lo pensable, lo factible, lo formable, así como también sería absurdo poner límites al poder de formación que siempre yace en la imaginación psíquica y en el imaginario colectivo histórico-social (pero ello no nos impide comprobar que la humanidad atravesó periodos de debilitamiento y letargo, tanto más insidiosos cuanto que fueron acompañados por lo que se ha dado en llamar un “bienestar material”. En la medida en que, mucho o poco, esto dependa de aquellos que tienen una relación directa y activa con la cultura; si su trabajo sigue siendo fiel a la libertad y a la responsabilidad, entonces, ellos podrán contribuir a que esta fase de letargo sea lo más corta posible).
Fuente: Cornelius Castoriadis.


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