Nosotros –en tanto que individuos y sociedad- vivimos un presente que mantiene una relación activa con el pasado y el futuro. Somos hijos de… y, al mismo tiempo, los que aspiramos a…; tenemos un proyecto que dice algo sobre aquello hacia donde nos dirigimos. Cómo saber hacia dónde nos dirigimos es la cuestión; cuestión que plantea la relación entre padres e hijos.
La madre y el padre no son solamente el “primer grupo”; son claramente la sociedad en persona y la historia en persona inclinados en la cuna del recién nacido; porque hablan, y eso no es grupal, es social. La lengua no es –como se afirma estúpidamente- un instrumento de comunicación, ante todo es un instrumento de socialización: en y por medio de la lengua se expresan, se dicen, se realizan, se transfieren las significaciones de la sociedad. Padre y madre transmiten lo que viven, lo que son, proveen al niño de polos identificatorios siendo lo que son. ¿Y qué le transmiten los padres contemporáneos a sus hijos contemporáneos? Les transmiten: tengan lo más que puedan, disfruten lo más posible, el resto es secundario o inexistente.
En nuestras sociedades, el niño entra en un mundo fútil, enseguida es sumergido en una cantidad increíble de juguetes y de objetos, y ahí dentro se aburre como un hongo, a menos que los abandone todo el tiempo para ir a mirar televisión, cambiando una trivialidad por otra.
¿Qué es todo esto si abandonamos la simple descripción? Es una vez más una fuga desesperada ante la muerte y la mortalidad: en la vida contemporánea, se ignora la muerte, no hay duelo, ni público ni ritual. Esto también es lo que pretende disfrazar esa acumulación de objetos, esa distracción universal, las que por lo demás, no hacen más que representar a la muerte misma, destilada en gotas, transformada en simple moneda de la vida corriente. Muerte de la distracción, muerte para mirar una pantalla en la que suceden cosas que uno no vive y que nunca podría vivir. El carácter de la época, tanto del nivel de vida cotidiano, como el de la cultura, no es el individualismo sino su opuesto, el conformismo generalizado y el collage. Conformismo que sólo es posible con la condición de que no haya un núcleo de identificación importante y sólido. A su vez, este conformismo, como proceso social bien anclado, opera de manera tal que un núcleo de identificación semejante ya no pueda constituirse: el individuo de todos los días vive haciendo collages, su individualidad es un taller de collages, vive en una carrera perdida por olvidar al mismo tiempo que va a morir y que todo lo que hace no tiene, estrictamente hablando, el menor sentido. Así, corre, hace jogging, compra en los supermercados, hace zapping, se distrae, etc.
Pero hay otros fines que la sociedad puede hacer surgir reconociendo nuestra propia mortalidad, otra forma de ver el mundo y la mortalidad humana, la obligación con respecto a las generaciones futuras que es lo que tenemos pendiente de nuestras deudas con respecto a las generaciones pasadas, ya que ninguno de nosotros es lo que es sino en función de esos cientos de miles de años de trabajo y de esfuerzo humano. Tal surgimiento es posible, pero exige que la evolución histórica tome otro giro y que la sociedad deje de dormirse sobre un inmenso amontonamiento de objetos de consumo de todo tipo.
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