sábado, 9 de mayo de 2009

Lo Viviente.

Siempre que se trate de lo viviente, de lo para-sí-autoconstituido, encontramos tres dimensiones: representación –creación de un mundo propio- (indisociablemente estética y lógica), intención –ya que lo viviente se plantea como autofinalidad- y afecto –pues el mundo que el viviente se crea está afectado por una valoración positiva o negativa-. Y las encontramos en los cuatro tipos conocidos de seres autoconstituidos: lo viviente, el psiquismo humano, el individuo socialmente fabricado y la sociedad particular instituida en cada caso como distinta a las demás sociedades. En todos esos niveles comprobamos una relativa autofinalidad y la creación de un mundo propio. Por lo tanto hay una clausura cognitiva del para-sí, y por eso el esfuerzo de conocerlo exige que se intente pensarlo desde el “interior”, vale decir desde el punto de vista de su autoconstitución.

La autoconstitución es distinta de la autonomía, porque la autonomía cuestiona en forma explícita y pone en tela de juicio las leyes de existencia de lo viviente (como individuo y como sociedad).
Fuente: Cornelius Castoriadis.

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