Uno de los grandes momentos creadores del pensamiento griego es la distinción y oposición entre phusys y nomos. La phusys es el empuje endógeno, ese espontáneo crecer de las cosas, que es al mismo tiempo generador de un orden. Nomos es la palabra, traducida comúnmente como “ley”, y en su origen significa reparto, la ley de reparto, por lo tanto la institución, el uso (los usos y costumbres), la convención, y en última instancia la pura y simple convención.
Para los antiguos griegos, que algo proviniera del nomos y no de phusys, significaba que dependía de las convenciones y no de la naturaleza humana. El nomos es nuestra institución imaginaria creadora, mediante la cual nos hacemos como seres humanos, es la que da todo su sentido al término y al proyecto de autonomía; y tanto para un individuo como para una colectividad, ser autónomo no significa hacer “lo que quiera” o lo que se le dé la gana en un momento dado, sino darse sus propias leyes.
A partir de ahí surgen dos preguntas:
· ¿Qué significa ser autónomo –darse su propia ley? ¿No hay en ello contradicción con la idea de ley?
· Si hacemos nuestras leyes ¿podemos (y debemos) hacer cualquier ley?
·
A su vez ambas preguntas pueden resumirse en una: ¿hay una naturaleza de la ley y una ley natural –una phusys del nomos y nomos de la phusys?
Para Aristóteles hay dos interpretaciones esenciales de la phusys. La primera está ligada a la idea de telos (fin o finalidad), aquello con vistas a lo cual algo se hace; la segunda es aquella según la cual la phusys “es la esencia de las cosas que tienen en sí mismas, y en tanto que tales, principio de movimiento: la phusys es principio en la cosa misma”. Principio que también puede y debe entenderse como origen. Por lo tanto, en esta segunda acepción, es o pertenece a la phusys todo lo que en sí mismo tiene y contiene el principio y origen de su movimiento. Digamos entonces que es phusys, que es naturaleza, lo que se automueve. Tenemos así una phusys que es movimiento (principio y origen), movimiento hacia (es decir que tiene un fin, un telos), empuje hacia la forma, hacia lo pensable, hacia la ley, hacia el eidos. La phusys aparece entonces como empuje-hacia-el-darse-una-forma, empuje por otra parte nunca del todo cumplido porque no hay phusys sin materia, y la materia es el límite de lo pensable, lo indeterminado, lo informe, lo caótico. Lo cual quiere decir que la phusys es el empuje irresistible del ente que tiende a darse una forma para ser, una ley para ser determinado, y quizá a darse una pensabilidad: la phusys tendería a formarse, a darse la forma más perfecta o (tal vez) más compleja posible. Podemos decir entonces que es phusys eso que en sí mismo tiene principio y origen de forma, de creación; ya que la única creación que cuenta es la de formas (leyes).
Es justamente en el terreno humano, en la sociedad y en la historia donde podemos captar inmediata y claramente la capacidad de una clase de entes (los Hombres) para crear alteridad, plantear nuevas formas y hacerse existir en y mediante nuevas leyes: los entes tienen en sí mismos principio y origen (phusys) de creación de formas (eidos, nomos), el ser mismo se define por la alloiosis en su sentido fuerte de autoalteración y autocreación.
Fuente: Cornelius Castoriadis.
domingo, 3 de mayo de 2009
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